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Listado de Ultimos Archivos
| Categoría: Libros recomendados por la Asociación |
LA MUJER QUE ME ESCUCHA  |
Fecha de Envio : 13/12/2010 |
Descripción:
El testimonio de un padre en duelo Autor: Alcalá, Pedro Colección: Testimonio Formato: Rústica con solapas ISBN: 978-84-15115-13-7 Páginas: 149 Precio: € 15.00
Si no lo encuentra en su librería, puede comprarlo aquí Ante la más dolorosa de las pérdidas, la de un hijo, Pedro necesitaba, fundamentalmente, ser escuchado. Para expresar sus sentimientos, dudas temores, avances y retrocesos para superar tan dura experiencia. Este libro es el testimonio de su proceso de duelo, y a la vez de su paso por la Fundación Mario Losantos del Campo, que ha sido para él un refugio y apoyo incondicional durante el tránsito más delicado de su vida.
Aunque cada uno lleva el duelo a su manera, sin duda este texto será de una inestimable ayuda para todos aquellos que deben superar la pérdida de un ser querido así como para quienes los acompañan en tan difícil trance y que, como Pedro, buscan respuesta a las preguntas más habituales: ¿Es mejor desahogar la rabia o no? ¿Qué hacer con los objetos personales de quien ya no está? ¿Cómo vencer el sentimiento de culpa? ¿Conviene hablar con los conocidos o hallar consuelo en el silencio? Y sobre todo, ¿cuánto dura el duelo?
Estas malditas piedras toscas
magullan mis pies,
y si caigo, mis manos.
Y sangrando, ensangrentado y sucio,
no puedo correr,
alcanzar mi estrella y cogerla.
El autor cede los derechos de este libro a la Fundación Mario Losantos del Campo
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184 El testimonio de un padre en duelo |
| Categoría: Libros recomendados por la Asociación |
SIN TOCAR FONDO- Autora: ANGELA ORTIZ  |
Fecha de Envio : 13/5/2010 |
Descripción:
A lo largo de las páginas, la autora se sincera con nosotros y nos relata en primera persona, con sencillez y honestidad, la parte más brutal y dolorosa de su vida. Huyendo del victimismo y de la falsa sensibilidad, su narración nos acerca a sus reflexiones más íntimas sobre la vida y la muerte, sobre la lucha con la enfermedad, y nos guía de la mano por el proceso de duelo y su recuperación. Ángela Ortiz nos enseña que, aunque no se puede olvidar nunca la pérdida de un hijo, no por ello nuestras vidas deben permanecer para siempre a oscuras. Esta obra está especialmente recomendada para aquellos que han sufrido una pérdida irreparable y necesitan aprender a superarla, a conocerse otra vez a ellos mismos, y así mirar de nuevo el futuro con esperanza. Pero también es un libro del que todos podemos aprender cómo no debemos dejarnos arrastrar en ninguna circunstancia por el dolor y la pena, y que siempre es posible volver a sonreír, volver a descansar y volver a disfrutar de la vida. El libro nos enseña, igualmente, a afrontar las experiencia de la vida con amplitud de miras, admitiendo cualquier pensamiento y, desde luego, sin “culpas”. Quizá por ello el libro arranca en su Prólogo con la siguiente reflexión: ”No me asombra ver la naturaleza tal cual es, pero me sorprendo al calificarla como “bella” a pesar de lo que viene y va, de lo que nace y muere...”. La Naturaleza y la vida entera, que no es ni bella, ni no bella; simplemente y profundamente, Es. Ni más ni menos: Es.
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| Categoría: Libros recomendados por la Asociación |
EL BALCÓN DE LOS PÁJAROS  |
Versión: ESPAÑOLA Fecha de Envio : 30/9/2009 |
Descripción:
PRÓLOGO Y CITA
Solía levantarme temprano para gozar antes del día que se colaba por la ventana de mi habitación. Antes incluso que hubiera ruido en el piso, antes que nadie empezara a encender la televisión o la cocina, antes que el café echara humo y el pan se tostara. Y lo hacía para contemplar el gran espectáculo del amanecer en la playa. Para oír los silencios de esos momentos, para ver los colores y las formas que se presentaban ante mis sentidos, para experimentar la sensación de las muchas maneras que hay de vivir. Divisaba a lo lejos las luces aún encendidas de los barcos que habían pasado pescando toda la noche. Miraba al cielo azul donde desaparecían las últimas estrellas. Y veía algunas nubes que como manchas blancas se desplazaban lentamente también por el ánimo. El aire fresco olía a raíces, a tierra húmeda y a flores del pequeño y coqueto jardín de la plaza, a pinos y a océano. Permanecían cerradas las puertas de muchas casas. De vez en cuando alguien pasaba haciendo un poco de deporte. Llevaba sus dudas y su conciencia. Un loro en su jaula limpiaba su hermoso plumaje, como ese otro de las apariencias. Los coches dormían en sus aparcamientos soñando caminos y posadas. Las toallas tenían el corazón lleno de arena y brisas, pero sobre todo me entusiasmaba el canto de los pájaros en aquel frondoso árbol que rozaba el balcón de mi casa. Fue allí justamente donde volví a pensar en Marce. Vi de nuevo su rostro inocente y alegre. Notaba como si ella quisiera decirme algo, como si tratara de continuar una conversación que dejamos interrumpida. Me invitaba de nuevo a escribir. En mi pensamiento hay siempre una habitación dispuesta para recibirla en sus visitas. Entonces se abrieron las primeras páginas y los primeros versos de este libro humilde de poemas que descansa ahora en tus manos. Dejé que las palabras salieran sin miedos. Al principio lo hacían tímidamente, luego con el paso de los días, lo hacían como un enorme chorro de espíritu que se derramaba en el papel. La suave voz de Marce, el juego y las canciones de los pájaros, el murmullo del mar al fondo, el sol pintando de oro la cresta de las olas, el sueño de un faro apagado a lo lejos, las leves brumas matinales. El lenguaje de las flores, las lecturas sencillamente. La mirada enigmática de Dona la mayor de las gatas. Todo hizo posible este libro. Pero sobre todo ella que se rebelaba contra ese estado de ánimo que a veces nos asola llenándonos de desesperanzas. Sentía una inmensa necesidad de comunicar aspectos, ideas y sensaciones que pedían salir a la luz. Quería que naciera lo que permanecía en la sombra. Y mi mano se convirtió de pronto, casi sin quererlo, en mano de escribano para ella, y mi oído era oído de secretario para ella, y mi tiempo era tiempo para recoger frutos de la cosecha del espíritu. Las palabras juntas iban siendo el bálsamo para encontrar el sentido a las cosas y servían de cauce para aliviar esa tensión interior que a veces acumulamos y no queremos compartir. Por eso El balcón de los pájaros, es una expresión y un exponente de esperanza en tiempos difíciles de nuestra existencia. Es un ejercicio de compartir no sólo la alegría sino el dolor, es una prueba más de creencia en que la vida no se detiene ni por la censura de la muerte. Es un mensaje de consuelo para los que lloran y para los que se sienten sin fuerzas de emprender la tarea de cada día. Es una llamada del corazón a seguir con valentía por el camino de la fe sin renuncias, a no dejarnos paralizar por lutos, soledades, tristezas y muertes en el camino hacia la casa del Padre. Significa además un destello de amor y agradecimiento hacia lo que recibimos sin mérito alguno. Es inevitable el dolor pero la actitud ante el dolor no tiene que ser de hundimiento y derrotismo. El dolor humano es dolor divino, porque es un hecho que rebasa los límites corporales y asciende hacia una realidad superior con la que entramos en contacto. Así me lo hace entender Marce y así lo recojo. Puede que consideres que todo lo dicho sea producto de un sueño, o de una fogosa fantasía como vía de escape ante determinadas cuestiones que pretendemos ignorar. Me limité a desplegar las manos y ella era el viento que la empujaba con palabras. Y zarpamos hacia la vida otra vez. Este libro es un abrazo y un beso y el latido caliente de un nuevo corazón, de parte de Marce. Y así os lo expreso querida y estimada familia.
Antonio Cuevas. Pilas, Octubre de 2004.
“Dios, a veces comunica sus grandezas por un modo
El más extraño que se pueda pensar”.
-Santa Teresa de Jesús-
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99 ALMA Y VIDA 200 |
| Categoría: Libros recomendados por la Asociación |
AMARGA LLUVIA. SENTIMIENTOS DE UNA MADRE ANTE LA MUERTE DE SU HIJO  |
Fecha de Envio : 22/7/2009 |
Descripción:
Brito, María José Páginas: 115 Editor: Año: 2009 Precio: 14.00 Euros Tras un mes en el hospital, el 19 de abril de 2008 a las ocho y veinte de la tarde, con tan sólo dieciocho años, víctima de leucemia, murió Hugo. En aquel momento comenzó a llover. La lluvia, tan deseada, se volvió amarga al mezclarse con las lágrimas de todos los que lloraron su pérdida. La muerte de un hijo es una muerte en contra del sentido de la vida, un sufrimiento intenso, inmenso, el más devastador que un ser humano pueda experimentar. Amarga lluvia no se lee, se siente. Tal es la fuerza de su prosa sencilla y expresiva, y al final te queda lo que la autora pretende: el aroma de su hijo. Nadie que lea este libro quedará indiferente haya experimentado o no la pérdida de un ser querido, algo se le removerá muy dentro, allí donde cala de manera ineludible la -amarga lluvia-.
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